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¿No duermes bien? ¿sufres de insomnio?

20/Jun/2018 | Por: Psic. Sara Campos Chavolla | saracamposch@hotmail.com


“El sueño es una muerte parcial que es fuente de vida”. ¨Dormir es rejuvenecer¨

El ritmo de vida en el que vivimos actualmente nos hace a veces sufrir trastornos del sueño. Dormir mal por la noche afecta a nuestro rendimiento de diversas maneras; en el trabajo, en las relaciones con familia y amigos, y nos hace estar molestos y agobiados. Si no tenemos un buen descanso no es posible llevar una vida normal. Por trastorno del sueño se entiende cualquier tipo de dificultad relacionada con el hecho de dormir y descansar, y comprende desde la dificultad para conciliar el sueño y permanecer dormido, hasta quedarse dormido en público, dormir más de lo que necesitamos, o tener sueño todo el día.

Podemos decir que cualquier alteración que afecte al descanso podría considerarse un trastorno del sueño. Al ser víctima del insomnio se sufren múltiples perturbaciones: el desgaste físico y la inestabilidad psíquica provocadas por esas noches sin sueño, es lo que hace envejecer prematuramente y desmoraliza. Poco a poco la noche se convierte en un tormento agudizando así el proceso de agitación nocturna.

El insomnio es una experiencia de sueño inadecuado y no reparador caracterizado por uno o más de los siguientes problemas:

* Dificultad para iniciar el sueño
* Dificultad para mantener el sueño
* Despertarse demasiado temprano

Algunas de las causas del insomnio están relacionadas con el hecho de ser más vulnerables que otras a sufrirlo, vivir un estrés persistente y se asocia a problemas en las relaciones, en el trabajo, a tener un hijo con una enfermedad crónica o cualquier otra situación estresante en el ámbito psicológico, puede contribuir a padecerlo.

TIPOS DE INSOMNIO:

1. Insomnio aprendido. Si duermes mal, puedes estar preocupado por no poder funcionar adecuadamente durante el día. Esto hace que al llegar la noche y al ir a la cama sientas estrés y preocupación, con un intenso deseo de dormirte, pero desafortunadamente, este esfuerzo por intentar dormirte a toda costa puede hacer que estés más alerta, con tu mente girando en torno a todos los problemas que el insomnio te está causando o te puede llegar a causar. Y esto te va a ocasionar aún más problema de sueño.

2. Insomnio secundario. Cuando el insomnio está provocado por un trastorno psicológico, siendo los más frecuentes la depresión, un desorden médico o un dolor crónico y deberán tratarse. El insomnio también se asocia a trastornos de ansiedad y trastorno de estrés postraumático, en estos casos es necesario tratar tanto el trastorno subyacente como al insomnio en sí mismo. Regularmente se echa mano de somníferos, escogiéndolos al azar, sin aprobación médica alguna y no pasamos por alto el peligro de estos hábitos.

Algunos de los factores que pueden producir el insomnio en adultos son, entre otros:

* Enfermedad
* Depresión
* Ansiedad o estrés
* Ambiente inapropiado, con excesivo ruido
* Cafeína
* Fumar en exceso
* Alcohol
* Consumo de drogas
* Uso de ciertos medicamentos
* Acostarse muy temprano o muy tarde
* Excesivas preocupaciones
* Exceso de actividad
* No haber aprendido a lo largo del tiempo a dejar de "resolver" lo que nos preocupa en horas de dormir. Este último motivo es muy habitual y el tratamiento del sueño en este caso es rápido y eficaz.

Cómo prevenir los trastornos del sueño: A tener estos puntos en cuenta, sin que estos signifiquen la solución al problema, pero sí ayuda complementaria a un tratamiento.

* Acostarse y despertarse a la misma hora siempre
* Ambiente de sueño silencioso
* Practicar actividad física
* Cuidar la alimentación sobre todo por la noche
* Aprender a relajarse
* No abusar de los aparatos electrónicos


Si los problemas relacionados con trastornos del sueño están interfiriendo en el día a día, es preciso contar con la ayuda de psicólogos clínicos profesionales que, con las técnicas psicológicas adecuadas, nos enseñan a mejorar el descanso. El insomnio se puede tratar y corregir, cualquier problema del sueño se puede tratar y merece la pena, porque dormir bien es el principio de una vida con menos problemas. Recobrar lo antes posible los beneficios reparadores del sueño equilibran nuestra vida, nuestra salud física y moral.

¿Habíamos pensado alguna vez que pasamos casi la 3ª parte de nuestra vida durmiendo y que el sueño ofrece al individuo normal de 25 a 30 años de desintoxicación? Desde los tiempos más lejanos los hombres se han sentido intrigados por el problema del sueño. En la más remota antigüedad, se le atribuían intervenciones divinas: se creía en un Dios del sueño, el Dios Hipnos, hijo de la noche y padre de Morfeo. Hipnos era hermano de la muerte Thanatos, y padre de los sueños considerados por los antiguos como misteriosos con mensajes sobrenaturales. El sueño responde a un principio fundamental de la vida: el ritmo de la actividad orgánica.

Vivir es consumir: dormir es restituir. Nuestro cuerpo, fatigado por el trabajo del día, intoxicado por el menoscabo que produce su funcionamiento, desordenado en sus nervios, encuentra en el sueño un tiempo de reparación, una fuente de regeneración. Durante la noche, prosiguen incansablemente la restauración nerviosa, la eliminación de las toxinas y los fuegos de purificación y renovación. Paralelamente, se reconstituye el potencial energético del organismo y renacen las facultades intelectuales. Se saldan las deudas del día. Se nos devuelve lo que ofrecemos de nosotros mismos, se conjuran los peligros del desgaste, se compensan los déficits y se suprimen los desequilibrios.

Las horas dedicadas al sueño se oponen al envejecimiento del cuerpo y del espíritu. Dormir es una necesidad vital nuestra, por un auténtico instinto de conservación. Sabemos que es indispensable dormir para prevenir la intoxicación del organismo. Los psicólogos además, han logrado demostrar la existencia en la región intracerebral de una zona nerviosa, llamada formación reticular, que controla el sueño y la vigila. Se trata del centro de la vigilia, cuya inhalación o cese de actividad provoca el sueño. No dormimos porque estemos intoxicados, sino que dormimos para no estarlo. Este instinto es, en realidad, una defensa anticipatoria contra los graves desórdenes que provoca el insomnio prolongado. Después de 6 ó 7 días de vigilia ininterrumpida, el hombre acusa perturbaciones mentales: confusión mental, alucinaciones, delirio. No son nuestros músculos los que precisan imperiosamente el sueño, sino nuestro cerebro. Doce horas de sueño profundo, pueden destruir por completo los efectos dañinos de 8 días de insomnio, lo que subraya el poder reparador del sueño y justifica la frase “el sueño es una muerte parcial que es fuente de vida”. El antiguo adagio “Dormir es rejuvenecer” se revela como una verdad psicológica.

PSIC. SARA LETICIA CAMPOS CHAVOLLA
TORRE MÉDICA, SEGUNDO PISO AV MÉNDEZ 1110 CENTRO VILLAHERMOSA TAB
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